sábado, 12 de noviembre de 2011

Noventa y nueve flores para Manuel Pardiñas

El día de ayer estuvo lleno de efemérides, la última de ellas bien reciente: hizo apenas cuatro años del asesinato del compañero antifascista Carlos Palomino. Pero no es ahí donde queremos deternos, no en las actuales circunstancias internacionales y, en particular, en las españolas, no con las elecciones generales a ocho días y no hoy, que se cumplen 99 años de la muerte de Manuel Pardiñas.

Oficialmente, es el 99 aniversario de la muerte de José Canalejas, presidente del gobierno culto, liberal e, incluso, progre, para su época. Extraoficialmente, entre nosotr@s, Canalejas fue el presidente de mucho lirili y poco lerele por excelencia, en lo que se refiere al periodo de restauración borbónica, que ya duraba casi cuarenta años y aún duraría un decenio más. Oficialmente, Canalejas fue el presidente más ambicioso de su época en las reformas que hizo aprobar para mejorar las condiciones de trabajo de hombres, mujeres y, sobre todo, menores. Extraoficialmente, lo que no hizo fue implementar mecanismos para que esas reformas se llevaran a la práctica. Lo que sí hizo, en cambio, fue utilizar al ejército y las fuerzas de seguridad para poner fin a conflictos en empresas (por ejemplo, la huelga general con que había empezado el otoño madrileño o la de trenes y tranvías de Zaragoza y Catalunya que le siguió), enfangar más a España en la invasión del actual Marruecos (Larache y Alcazarquivir), ilegalizar a la joven CNT y convivir con el caciquismo con el que, nos dicen sus nostálgicos, habría acabado si se le hubiera dado más tiempo.
Hipótesis indemostrables -y no muy originales, por cierto- aparte, lo cierto es que el de Canalejas es uno de los casos más meritorios de construcción de una reputación (entre la clase media y alta, sobre todo) que convive con hechos que la desmienten y que los trabajadores y/o pobres de la época conocieron bien. Algo que hoy día nos puede parecer habitual, pero que no deja de ser un fraude; la clase de fraude que impide entender, a quienes quieren ver en él un reformador asesinado por un misterioso agitador, embriagado de afán destructivo y financiado por oscuros intereses, que el español medio de entonces respiraba muerte -la esperanza de vida media de un obrero catalán en los primeros treinta años del siglo XX, contaba Dolors Marín en una charla, era de 33 años- y el magnicidio era un medio cada vez más normal de que los poderosos supieran que el miedo no entiende de clases sociales
(véase, si no, esta lista).

Mi corazón, me temo, está más con Manuel Pardiñas Serrano, anarquista aragonés y pintor de brocha gorda que, a sus 26 años, y en contacto, probablemente, con otros libertarios decidió acabar con el presidente y dar un mensaje claro tanto a sus sucesores como al rey Alfonso XIII (que era, probablemente, el objetivo que habría/n preferido para sus balas).
Si Pardiñas -que se suicidió con la misma pistola, tras fallar un intento contra el policía que se le acercaba y previendo un linchamiento- tenía en su vida privada algún aspecto que atentaba contra la virtud (una relación con una mujer casada, otras con otras mujeres con las que no tenía intención de casarse), por lo demás, para colmo, era un tipo discreto , que había sido buen estudiante y que -según contaba, sorprendido, el amigo que le alojó en Madrid- no fumaba, no bebía, no frecuentaba burdeles y parecía alimentarse a base de verdura y legumbres.
Este oscense tan chocante, seguido de cerca, sucesivamente, por las policías argentina, cubana, francesa y española (a veces, por varias, según el momento) consiguió quitárselos a todos de encima y hacer junto a la Puerta del Sol un jaque mate de los que, esta vez es literal, hacen historia. A la mierda tod@s aquell@s que son tan indulgentes con quienes mandan y tan exigentes con quienes somos mandad@s; como Miguel Hernández, para lo bueno o para lo malo, no olvidamos. Ni el miedo, ni el hambre, ni el plomo, ni la sangre, ni a quien empuñó la pluma, ni a quien hizo lo propio con la espada.
La tierra te sea leve, compañero. Salud.

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